La huelga de guionistas lleva la IA generativa a Hollywood
La WGA quiere limitar el uso de IA generativa en los guiones y evitar que el trabajo de los escritores alimente estos sistemas. La propuesta abre un frente laboral que va más allá de Hollywood.
La huelga de guionistas de Hollywood, iniciada el 2 de mayo, ha convertido la inteligencia artificial generativa en una materia de negociación laboral. El sindicato WGA quiere fijar límites antes de que herramientas como ChatGPT entren de lleno en la cadena de producción de series y películas.
No es el motivo principal del paro: la compensación por el streaming y el tamaño de las salas de guionistas concentran buena parte del conflicto. Pero la IA ha entrado en la mesa porque puede alterar quién escribe, cómo se acredita una obra y qué valor conserva el trabajo humano en una industria basada en derechos de autor.
La propuesta: la IA no debe escribir ni reescribir guiones
La Writers Guild of America (WGA), que representa a unos 11.500 guionistas de cine y televisión, planteó que la IA no pueda utilizarse para escribir o reescribir material literario cubierto por su convenio colectivo. También pidió que un texto generado por una máquina no sea considerado material de origen, una distinción relevante para créditos, pagos y derechos posteriores.
En la práctica, el sindicato busca evitar una situación en la que un estudio entregue a un escritor un borrador generado por IA y le encargue corregirlo por una remuneración inferior a la de un guion original. El debate no trata solo de si una máquina puede producir diálogos o una escaleta. Trata de si ese texto pasa a ser el punto de partida contractual de una obra y reduce la posición profesional de quien lo transforma en un guion utilizable.
La WGA también ha propuesto impedir que los estudios usen los guiones cubiertos por el convenio para entrenar modelos de IA. Estos sistemas aprenden patrones al procesar grandes colecciones de textos; para los guionistas, permitir ese uso sin reglas supondría convertir su trabajo acumulado en materia prima de una herramienta que podría competir con ellos.
Los estudios aceptan hablar, pero no incorporar límites al convenio
La Alliance of Motion Picture and Television Producers (AMPTP), que negocia en nombre de los grandes estudios y plataformas, rechazó las propuestas concretas de la WGA sobre IA. Su respuesta fue ofrecer reuniones anuales para discutir los avances tecnológicos.
La distancia entre ambas posturas es importante. Una reunión periódica permite seguir la evolución de la tecnología, pero no crea una obligación contractual sobre qué pueden hacer las compañías con ella. El sindicato persigue precisamente lo contrario: reglas aplicables ahora, antes de que las decisiones sobre automatización se normalicen en las salas de guionistas.
El desacuerdo llega pocos meses después de la popularización masiva de los asistentes capaces de generar texto a partir de instrucciones. ChatGPT, lanzado por OpenAI a finales de 2022, y modelos posteriores han hecho visible una capacidad que hasta hace poco parecía experimental: producir sinopsis, escenas, diálogos y versiones de un texto en segundos.
Eso no equivale a que puedan elaborar por sí solos una serie o una película. Un guion exige decisiones narrativas, conocimiento del encargo, revisiones y responsabilidad creativa. Además, los modelos pueden inventar datos, repetir fórmulas y generar textos poco consistentes. Pero sí pueden automatizar partes del proceso, y esa posibilidad basta para que cambie el reparto de poder entre estudios, productores y escritores.
Un problema de créditos, salarios y propiedad intelectual
La discusión sobre IA afecta a varios mecanismos que sostienen el oficio. Los créditos de escritura determinan prestigio profesional y pagos; la consideración de una obra como material original condiciona contratos y derechos; y los residuos —pagos posteriores ligados a la explotación de películas y series— forman parte central de los ingresos de muchos guionistas.
Si una empresa presenta como punto de partida un texto generado automáticamente, tendrá que decidir quién responde por él, cómo se reconoce la aportación humana y qué sucede cuando el sistema ha sido entrenado con obras protegidas. Son preguntas legales todavía abiertas en Estados Unidos, pero el conflicto laboral permite abordarlas desde otro ángulo: no esperar a que los tribunales definan todos los límites, sino negociarlos en el convenio.
Hollywood ya ha vivido transformaciones técnicas que modificaron sus reglas laborales, desde la llegada del sonido hasta la televisión por cable y el streaming. La diferencia es que la IA no solo cambia el canal de distribución o las herramientas de edición: interviene sobre el texto, que es el núcleo del trabajo de los guionistas.
La negociación de 2023 será una primera prueba de hasta qué punto los convenios colectivos pueden imponer condiciones al uso de modelos generativos. Lo que se pacte —o quede fuera del acuerdo— será observado por otros sectores creativos que afrontan el mismo dilema: aprovechar una herramienta nueva sin convertir la obra de sus profesionales en un recurso sin control ni compensación.