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El error de Bard que evaporó 100.000 millones de Alphabet

Una respuesta errónea de Bard sobre el telescopio James Webb ha coincidido con una fuerte caída de Alphabet en Bolsa. El fallo llega cuando Google acelera para responder a la ofensiva de Microsoft y OpenAI.

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La carrera por llevar la inteligencia artificial generativa al gran público ha dado hoy un aviso a Google: una respuesta incorrecta de Bard, su chatbot aún no disponible de forma general, ha alimentado las dudas sobre la fiabilidad de la demostración con la que la compañía quería exhibirlo. Alphabet ha cerrado la sesión con una caída del 7,7%, un descenso que ha recortado alrededor de 100.000 millones de dólares de su valor bursátil.

El error no explica por sí solo un movimiento de mercado de esa magnitud, pero ha llegado en el peor momento posible. Google intenta convencer a inversores y usuarios de que puede responder a la alianza entre Microsoft y OpenAI sin sacrificar la reputación de su buscador, construida durante décadas sobre la capacidad de encontrar información fiable.

Bard atribuyó al James Webb un hito que no fue suyo

En un material promocional difundido por Google esta semana, Bard recibía la pregunta de cómo explicar a un niño de nueve años los nuevos descubrimientos del telescopio espacial James Webb. Entre las respuestas, el sistema afirmaba que el Webb había tomado las primeras imágenes de un planeta situado fuera del Sistema Solar.

La afirmación es falsa. Las primeras imágenes directas de un exoplaneta fueron obtenidas en 2004 por el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral, en Chile. El James Webb, lanzado en diciembre de 2021 y operativo científicamente desde el verano pasado, sí ha abierto nuevas posibilidades para estudiar atmósferas de planetas lejanos gracias a sus instrumentos infrarrojos. Pero no fue el primero en fotografiar uno.

No es un matiz menor para una demo diseñada precisamente para enseñar cómo Bard puede responder preguntas educativas y resumir conocimiento científico. Los modelos de lenguaje generan texto a partir de patrones aprendidos en grandes colecciones de datos; no consultan necesariamente una base de hechos comprobados cada vez que responden. Por eso pueden redactar una explicación convincente y, al mismo tiempo, introducir un dato erróneo. Es el problema conocido como alucinación: una respuesta inventada o equivocada presentada con apariencia de seguridad.

Google acelera ante Microsoft

Google presentó Bard el lunes y anunció que lo estaba abriendo a un grupo de probadores de confianza antes de ponerlo a disposición del público en las próximas semanas. El servicio está basado en LaMDA, la familia de modelos de lenguaje conversacionales de la compañía, en una versión más ligera para poder atender a más usuarios.

El anuncio de Microsoft, realizado el martes, llegó un día después de la presentación de Bard por parte de Google. Microsoft ha integrado capacidades de conversación y redacción en su buscador y en el navegador Edge, convirtiendo una competencia que Google había dominado durante años en una batalla por la interfaz desde la que los usuarios acceden a la información.

La diferencia es relevante: un buscador convencional ofrece enlaces y permite al lector contrastar fuentes; un asistente conversacional tiende a entregar una respuesta cerrada. Si esa respuesta se equivoca, el error puede pasar desapercibido con facilidad, sobre todo cuando el tono es fluido y aparentemente experto.

El coste de fallar ante millones de usuarios

Google conoce bien el potencial de esta tecnología y también sus riesgos. La compañía lleva años investigando modelos de lenguaje, pero ha sido más cauta que OpenAI a la hora de liberarlos ampliamente. Ahora se enfrenta a una presión comercial distinta: esperar demasiado puede ceder terreno a Bing, pero lanzar deprisa expone fallos como el de Bard.

La caída de Alphabet refleja esa tensión más que un único dato equivocado. Los inversores evalúan si la IA generativa obligará a transformar el negocio de las búsquedas, incluida la publicidad que sustenta buena parte de los ingresos de Google. Responder mediante un chatbot puede cambiar cuánto tiempo pasa una persona en la página, qué enlaces visita y cómo se muestran los anuncios.

Antes de que Bard llegue al público, Google tendrá que demostrar dos cosas a la vez: que puede competir en velocidad de lanzamiento y que dispone de mecanismos para reducir errores en asuntos donde una respuesta incorrecta tiene consecuencias reales. La demostración de hoy ha dejado claro que una interfaz más conversacional no elimina la necesidad de verificar lo que afirma una máquina.

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