IA 360
Marco regulatorio

China estrena el etiquetado obligatorio del contenido generado por IA

China exige desde hoy avisos visibles y marcas técnicas para el contenido sintético publicado en internet. WeChat, Douyin y Weibo ya han adaptado sus plataformas a unas reglas que también responsabilizan a usuarios y distribuidores.

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China obliga desde hoy, 1 de septiembre, a identificar el texto, las imágenes, el audio y los vídeos generados o modificados mediante inteligencia artificial. Las nuevas reglas combinan etiquetas visibles para las personas con identificadores técnicos incrustados en los archivos, un sistema de doble capa que busca dificultar la difusión anónima de contenido sintético.

Grandes plataformas como WeChat, Douyin —la versión china de TikTok— y Weibo han activado cambios para cumplir la normativa, según informa South China Morning Post. La medida afecta tanto a las empresas que ofrecen herramientas de IA como a los servicios que distribuyen sus resultados y a los usuarios que los publican.

Dos etiquetas para una misma pieza de contenido

Las medidas fueron publicadas en marzo por la Administración del Ciberespacio de China (CAC), junto con los ministerios de Industria y Tecnología de la Información, Seguridad Pública y la Administración Nacional de Radio y Televisión. Su entrada en vigor coincide con la de un estándar técnico nacional que concreta cómo deben aplicarse las marcas.

El sistema distingue entre dos tipos de identificación:

  • La etiqueta explícita debe resultar perceptible para el usuario. Puede ser un aviso junto a un texto, una señal gráfica sobre una imagen o un mensaje añadido a un vídeo o archivo de audio.
  • La etiqueta implícita se incorpora a los metadatos del archivo, es decir, a la información técnica que lo acompaña aunque normalmente no sea visible. Puede incluir datos sobre su origen, el proveedor utilizado y el tipo de contenido sintético.

La combinación intenta resolver una debilidad habitual de las marcas de agua visibles: se pueden recortar, borrar o tapar. Los metadatos permiten una comprobación automatizada, aunque tampoco son infalibles porque pueden perderse al copiar, comprimir o transformar un archivo.

Las reglas prohíben eliminar, manipular o falsificar estas identificaciones. También impiden que las empresas proporcionen deliberadamente herramientas destinadas a suprimirlas.

Las plataformas deben comprobar y completar el etiquetado

La responsabilidad no termina en el generador de IA. Cuando una plataforma encuentra en los metadatos la identificación correspondiente, debe mostrar un aviso visible al público. Si detecta señales de que un contenido es sintético pese a carecer de la marca técnica, también puede etiquetarlo como sospechoso o probablemente generado con IA.

Los usuarios, por su parte, deben declarar el uso de inteligencia artificial al publicar. WeChat ha informado de que sus creadores tendrán que marcar voluntariamente este contenido; ante publicaciones no identificadas, la plataforma mostrará advertencias para que los lectores valoren su autenticidad.

Este reparto de obligaciones es una de las partes más relevantes del modelo chino. No confía exclusivamente en que el creador actúe correctamente: incorpora controles en el proveedor de IA, la red social y los canales de distribución de aplicaciones. Las tiendas de aplicaciones también pueden exigir documentación que demuestre el cumplimiento de las reglas por parte de los servicios generativos.

Para las empresas, esto implica cambios en toda la cadena técnica. No basta con colocar una frase debajo de una imagen: hay que conservar identificadores durante la generación, la exportación, la subida y la redistribución del archivo.

Una respuesta a los fraudes y los bulos creados con IA

Pekín presenta la norma como una herramienta contra la desinformación, las estafas, las suplantaciones y las infracciones de propiedad intelectual. Los reguladores chinos consideran que los deepfakes —grabaciones manipuladas para imitar el rostro o la voz de una persona— pueden amenazar tanto la seguridad individual como la nacional.

El etiquetado puede aportar contexto, pero no determina si una publicación es verdadera. Un contenido generado con IA puede ser correcto, mientras que una fotografía auténtica puede utilizarse para engañar. La eficacia dependerá además de que las plataformas reconozcan las marcas de otros servicios y eviten que desaparezcan durante la edición o la descarga.

La regulación amplía también la capacidad de supervisión del ecosistema digital chino. Los mismos mecanismos que permiten rastrear el origen de un vídeo fraudulento facilitan atribuir y controlar la circulación de contenidos. En China, la transparencia sobre el uso de IA se integra así en una política más amplia de vigilancia y moderación de internet, incluida la campaña anual Qinglang de la CAC.

China se adelanta al calendario europeo

La Unión Europea también exigirá que determinados contenidos generados o manipulados por IA puedan identificarse en un formato legible por máquinas. El artículo 50 del AI Act contempla, además, obligaciones de divulgación para los deepfakes y para ciertos textos de interés público, pero esas disposiciones no serán aplicables con carácter general hasta agosto de 2026.

China se adelanta casi un año en la entrada en vigor y adopta desde hoy un enfoque operativo que alcanza a generadores, plataformas y usuarios. No significa que ambos sistemas sean equivalentes: el europeo distingue obligaciones según quién crea o publica el contenido y contempla excepciones, mientras que el chino se integra en un régimen de control de internet mucho más centralizado.

La prueba decisiva comienza ahora. Los reguladores tendrán que demostrar que las marcas sobreviven al recorrido de los archivos entre aplicaciones y que las plataformas aplican criterios consistentes al contenido sospechoso. Para WeChat, Douyin, Weibo y los proveedores de IA, el etiquetado deja de ser una función voluntaria y pasa a formar parte de la infraestructura obligatoria de publicación.

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