EE.UU. y Reino Unido no firman el acuerdo de IA de la Cumbre de París
En la Cumbre de Acción sobre IA celebrada en París, unos 60 países —incluida China— firmaron una declaración conjunta. Estados Unidos y Reino Unido se descolgaron, mientras JD Vance advertía contra el exceso de regulación en su primer gran discurso de política exterior.
La Cumbre de Acción sobre Inteligencia Artificial celebrada estos dos días en París ha cerrado con una fractura visible entre las grandes potencias tecnológicas. Cerca de 60 países, entre ellos China, Francia, India y varios socios europeos, han firmado hoy una declaración conjunta sobre inteligencia artificial. Estados Unidos y Reino Unido no la han suscrito.
La cumbre, copresidida por Emmanuel Macron y el primer ministro indio Narendra Modi, es la tercera de su tipo tras la de Bletchley Park en Reino Unido en noviembre de 2023 y la de Seúl en mayo de 2024. Con esta negativa de dos de sus impulsores originales a firmar el texto final, el formato que nació en Bletchley con el objetivo de coordinar respuestas globales a los riesgos de la IA de frontera parece haber llegado a un punto de inflexión.
El discurso de Vance
El protagonista político de la jornada ha sido JD Vance. El vicepresidente de Estados Unidos ha pronunciado en París su primer gran discurso de política exterior desde que asumió el cargo, y lo ha dedicado por completo a fijar la postura de la Administración Trump ante la gobernanza internacional de la IA. Su mensaje ha sido una advertencia directa contra lo que considera un exceso regulatorio, con palabras que ha dirigido en particular a los marcos europeos: el exceso de regulación, ha dicho, "mataría una industria transformadora justo cuando está despegando".
Vance ha defendido que la prioridad de Washington es preservar el liderazgo estadounidense en IA frente a competidores como China, y que las restricciones normativas —ya sean europeas o de cualquier otro bloque— arriesgan frenar esa carrera sin reducir realmente los riesgos que dicen combatir. El planteamiento choca frontalmente con el espíritu con el que arrancó este ciclo de cumbres en Bletchley Park, centrado en los riesgos existenciales de los modelos más avanzados y en la necesidad de mecanismos internacionales de supervisión.
Reino Unido también se descuelga
La sorpresa mayor no ha sido tanto la postura estadounidense, previsible dado el giro de la Administración Trump hacia la desregulación tecnológica, sino que Reino Unido —anfitrión de la primera cumbre y coautor de facto de todo el proceso— tampoco haya firmado. El Gobierno de Keir Starmer ha explicado que la declaración no abordaba con suficiente claridad cuestiones de seguridad nacional ni ofrecía una gobernanza global lo bastante concreta como para respaldarla con su firma.
Es una posición matizada respecto a la de Washington: Londres no rechaza el marco de cooperación internacional en sí, sino el contenido específico de este texto. Pero el efecto práctico es el mismo: los dos países que más impulso dieron a la idea de unos "AI Safety Summits" centrados en la seguridad de los modelos de frontera se quedan fuera del primer gran acuerdo multilateral firmado tras esa etapa fundacional.
De la seguridad a la "acción"
El propio nombre de la cumbre marca el cambio de rumbo. Donde Bletchley Park puso el foco en el riesgo —pruebas de seguridad previas al lanzamiento de modelos, evaluación de capacidades peligrosas, cooperación entre laboratorios y gobiernos—, la cita de París ha priorizado la palabra "acción": inversión, infraestructura, adopción industrial y competitividad. China, ausente de los primeros compromisos de Bletchley en su forma más estricta, ha firmado ahora sin reparos la declaración parisina, un giro que también dice mucho sobre cómo ha cambiado el tablero geopolítico de la IA en poco más de un año.
Que Estados Unidos y Reino Unido —los dos gobiernos que en 2023 lideraron el discurso sobre riesgos catastróficos de la IA— sean ahora los que se descuelgan de un acuerdo internacional, mientras China lo firma, ilustra hasta qué punto el eje del debate se ha desplazado desde la seguridad hacia la competencia industrial y la carrera geopolítica por el liderazgo tecnológico.
Qué queda del proceso de Bletchley
La pregunta que deja abierta la cumbre de París es si el formato inaugurado en Bletchley Park sobrevive como mecanismo de coordinación real o si, a partir de ahora, cada bloque —Estados Unidos, la Unión Europea, China— avanzará con su propio marco regulatorio sin un paraguas común. La Unión Europea sigue aplicando su Reglamento de IA, con obligaciones progresivas para los sistemas de mayor riesgo; Estados Unidos ha optado por una vía de mínima intervención bajo la nueva Administración; y China combina su propio marco regulatorio con una apuesta abierta por el desarrollo acelerado de sus modelos.
Sin el consenso de las tres grandes potencias en un mismo documento, la próxima cita de este ciclo de cumbres —si la hay— tendrá que decidir si sigue llamándose cumbre de seguridad o si asume ya abiertamente que su función ha cambiado.