Meta gana el caso Kadrey, pero el juez abre otra vía contra la IA
Un juez federal ha considerado uso legítimo que Meta entrenase Llama con libros protegidos en el caso Kadrey. Pero la sentencia señala que la IA podría dañar el mercado editorial aunque no reproduzca las obras originales.
Meta ha obtenido una victoria relevante en la demanda por copyright presentada por varios escritores contra el entrenamiento de sus modelos Llama. El juez federal Vince Chhabria, del Distrito Norte de California, ha resuelto que el uso de los libros en este caso concreto está amparado por el fair use, la excepción estadounidense al derecho de autor conocida como uso legítimo.
La decisión, dictada este 25 de junio, no convierte el entrenamiento de modelos de lenguaje con obras protegidas en una práctica automáticamente legal. Al contrario: el juez ha dejado una advertencia muy clara a las empresas de IA. Los autores perdieron, en buena parte, porque no aportaron pruebas suficientes sobre cómo los modelos pueden deteriorar el mercado de los libros.
El entrenamiento de Llama fue considerado transformador
La demanda, Kadrey v. Meta, fue presentada por 13 autores, entre ellos el novelista Richard Kadrey. Acusaban a Meta de copiar sus libros sin permiso para entrenar Llama, su familia de modelos de lenguaje de código abierto. Los textos procedían de las llamadas bibliotecas sombra: repositorios en internet que distribuyen gratuitamente obras protegidas sin autorización de sus titulares.
Meta no negó que hubiera usado libros protegidos. La cuestión era si ese uso encajaba en los cuatro factores que la legislación estadounidense emplea para determinar el fair use: propósito del uso, naturaleza de la obra, cantidad copiada y efecto sobre su mercado.
Chhabria ha dado la razón a Meta en tres de esos cuatro puntos. Considera que entrenar un modelo tiene un propósito «altamente transformador»: los libros fueron creados para ser leídos, mientras que la compañía los empleó para desarrollar un sistema capaz de procesar y generar lenguaje.
El juez sí reconoce que novelas, memorias y obras de teatro son creaciones muy expresivas, una circunstancia que favorece a los autores. Pero estima razonable que Meta copiase las obras completas para el objetivo de entrenamiento. También rechaza que los demandantes hayan demostrado que Llama reproduce sus libros de manera que sustituya a los originales.
El mercado que importa no es solo el de las licencias
El núcleo más importante de la sentencia está en el cuarto factor: el daño al mercado. Los escritores argumentaron, entre otras cosas, que Meta les había privado de un mercado potencial de licencias para entrenar IA. El tribunal no aceptó esa tesis. Que exista un mercado hipotético para licenciar datos no basta por sí mismo para impedir el uso legítimo.
Pero Chhabria identifica una vía distinta y potencialmente más fuerte: la dilución del mercado. Un modelo entrenado con millones de libros puede facilitar la producción rápida de innumerables obras que compitan con las originales por lectores, atención o ingresos, aunque esas nuevas obras no infrinjan literalmente el copyright de ningún texto concreto.
El juez advirtió que, por transformador que sea el entrenamiento de modelos de lenguaje, difícilmente podría considerarse uso legítimo emplear libros protegidos para desarrollar una herramienta que genere miles de millones o billones de dólares y permita un flujo potencialmente interminable de obras competidoras capaz de perjudicar significativamente el mercado de esos libros.
No obstante, esa idea no salvó la demanda. Los autores presentaron una teoría de dilución demasiado débil y sin evidencia concreta suficiente para llevar el asunto a juicio. Por eso, la resolución es limitada. El juez describió la resolución como limitada: no declara legal en general el uso de obras protegidas para entrenar modelos, sino que concluye que estos demandantes formularon argumentos equivocados y no desarrollaron pruebas para la teoría adecuada.
Una victoria distinta de la obtenida por Anthropic
La resolución llega dos días después de la decisión del juez William Alsup en el caso contra Anthropic. Alsup también consideró transformador el entrenamiento de modelos de lenguaje, pero separó jurídicamente varias actuaciones: el entrenamiento, la digitalización de libros impresos y la creación de una biblioteca central con copias pirateadas.
Chhabria ha adoptado un enfoque diferente. Ha analizado las descargas de Meta bajo su finalidad última, el entrenamiento de Llama, sin tratarlas como usos independientes. Esa divergencia importa porque las compañías de IA no solo se enfrentan a la pregunta de qué hace el modelo con una obra, sino también a cómo obtuvo la copia y qué infraestructura construyó con ella.
Para editoriales, escritores y empresas de IA, el caso Kadrey desplaza el próximo frente de batalla. La discusión ya no se limita a si un modelo memoriza o regurgita pasajes protegidos. Los futuros litigios probablemente intentarán medir si los sistemas generativos crean una oferta sustitutiva suficientemente amplia como para reducir el valor comercial de las obras humanas.
Esa prueba será difícil: exigirá datos sobre ventas, comportamiento de usuarios y competencia real, no solo la posibilidad abstracta de que una IA escriba un libro parecido. Pero la sentencia deja claro que, si esos datos llegan a un tribunal, el carácter transformador del entrenamiento podría no ser suficiente para proteger a una empresa de IA.