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Inflection AI capta 1.300 millones para su asistente Pi

Inflection AI, la startup cofundada por Mustafa Suleyman y Reid Hoffman, ha cerrado una ronda de 1.300 millones de dólares con Microsoft y Nvidia entre los inversores para desarrollar su asistente conversacional Pi y construir uno de los mayores clústeres de GPU del mundo.

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Inflection AI ha anunciado hoy una ronda de financiación de 1.300 millones de dólares, una de las cifras más altas jamás recaudadas por una startup de inteligencia artificial generativa. Entre los inversores figuran Microsoft y Nvidia, además de otros nombres del capital tecnológico, según ha confirmado la propia compañía.

El dinero tiene dos destinos declarados: seguir desarrollando Pi, el asistente personal conversacional que la empresa lanzó en mayo, y construir uno de los mayores clústeres de GPU del planeta para entrenar sus propios modelos de lenguaje a gran escala.

Quién está detrás de Inflection

Inflection AI fue fundada en 2022 por Mustafa Suleyman, Reid Hoffman y Karén Simonyan. Suleyman cofundó DeepMind en 2010 y permaneció en la compañía tras su compra por Google en 2014, antes de dejarla en 2019 en medio de tensiones internas conocidas en el sector. Hoffman, cofundador de LinkedIn, es además inversor de OpenAI y una de las voces más activas del capital riesgo en inteligencia artificial. Simonyan procede también de DeepMind, donde trabajó en investigación de modelos de aprendizaje profundo.

Esa combinación de perfiles —investigación puntera y capital de Silicon Valley— explica en parte la rapidez con la que Inflection ha atraído fondos desde su fundación, apenas hace un año.

Qué es Pi y por qué es distinto

Pi, lanzado el pasado mes de mayo, se presenta como un asistente personal pensado para la conversación cotidiana más que para la productividad. A diferencia de ChatGPT de OpenAI o Bard de Google, orientados a resolver tareas, redactar textos o programar, Pi se plantea como un interlocutor empático, disponible por chat y también por voz, con el que mantener conversaciones sostenidas en el tiempo.

Esa apuesta lo sitúa en un nicho distinto dentro del boom de los asistentes conversacionales: no compite directamente por sustituir el trabajo de oficina, sino por ocupar un espacio más cercano al acompañamiento y la conversación personal.

El papel de Microsoft y Nvidia

La presencia de Microsoft entre los inversores llama la atención porque la compañía ya mantiene una relación de miles de millones de dólares con OpenAI, el principal rival directo de Inflection en el terreno de los asistentes conversacionales. La apuesta paralela por Inflection sugiere que Microsoft quiere diversificar su exposición al sector de la IA generativa más allá de un único socio.

Nvidia, por su parte, aporta algo más que capital: es el fabricante de las GPU que Inflection necesita para entrenar sus modelos y construir el clúster que la compañía anuncia como uno de los mayores del mundo. Esa doble condición de inversor y proveedor de infraestructura se ha vuelto habitual en la carrera de la IA generativa, donde el acceso a chips de gama alta —escasos y con largas listas de espera— es tan determinante como el propio talento investigador.

Una ronda que marca el año

1.300 millones de dólares es una cifra que solo queda por detrás de los más de 10.000 millones que Microsoft ha comprometido con OpenAI desde enero, y que supera con holgura otras rondas recientes en el sector de la IA generativa. Confirma que 2023 se está consolidando como el año en que el capital riesgo y los grandes fabricantes de chips han decidido apostar de forma masiva por un puñado de laboratorios capaces de entrenar modelos de lenguaje a gran escala.

Para Inflection, el reto ahora es demostrar que Pi puede construir una base de usuarios propia en un mercado donde ChatGPT ya cuenta con una base de usuarios que se cuenta por decenas de millones y Google compite con su propio asistente, Bard, lanzado meses atrás. El dinero da margen para competir en infraestructura; convertir ese margen en usuarios reales es una batalla distinta.

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