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Manus, el agente de IA chino viral al que llaman «el segundo DeepSeek»

Un nuevo agente autónomo desarrollado por la startup china Butterfly Effect se ha vuelto viral esta semana, con elogios de figuras como Jack Dorsey. Promete ejecutar tareas completas sin supervisión, aunque el acceso sigue siendo casi imposible.

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Un nuevo actor irrumpe en la conversación sobre inteligencia artificial china y esta vez no es un modelo de lenguaje, sino un agente. Manus, desarrollado por la startup Butterfly Effect, con sede en Wuhan, se ha extendido esta semana como la pólvora en redes sociales, dentro y fuera de China. Entre quienes han elogiado sus capacidades figuran el cofundador de Twitter, Jack Dorsey, y Victor Mustar, responsable de producto en Hugging Face. Algunos ya lo apodan «el segundo DeepSeek», en referencia al modelo que sorprendió al sector hace apenas unas semanas por sus capacidades inesperadas y su origen chino.

Qué es exactamente Manus

La compañía lo presenta como el primer agente de IA «general» del mundo. A diferencia de un chatbot como ChatGPT o el propio DeepSeek, que se apoyan en una única familia de modelos de lenguaje pensada para la conversación, Manus combina varios sistemas de IA que operan de forma independiente para ejecutar tareas de principio a fin sin supervisión constante. Entre los modelos que utiliza están Claude 3.5 Sonnet, de Anthropic, y versiones ajustadas del modelo abierto Qwen, de Alibaba.

Esa arquitectura de múltiples agentes trabajando en paralelo es lo que lo distingue de herramientas de investigación autónoma como DeepResearch de OpenAI, que también navegan por la web y descomponen tareas en pasos, pero desde un enfoque más centrado en un solo modelo.

Acceso casi imposible, expectación desbordada

Pese al ruido mediático, muy pocas personas han podido probarlo. Menos del 1% de quienes se han apuntado a la lista de espera han recibido un código de invitación, según ha podido constatarse estos días. No se conoce el tamaño exacto de esa lista, pero el canal de Discord de Manus supera ya los 186.000 miembros, una cifra que da idea del interés generado en apenas unos días desde su lanzamiento.

Butterfly Effect no es una startup desconocida: en 2023 lanzó Monica, un asistente de IA pensado también para un público global, con el inglés como idioma por defecto. Manus sigue esa misma vocación internacional, con un diseño minimalista que recuerda al de ChatGPT o DeepSeek, y una interfaz que muestra una ventana bautizada como «el ordenador de Manus», donde el usuario puede observar en tiempo real qué está haciendo el agente e intervenir en cualquier momento del proceso.

Por qué importa más allá del hype

El fenómeno Manus llega apenas semanas después de que DeepSeek sacudiera al sector con un modelo de bajo coste y alto rendimiento que puso en duda la ventaja tecnológica de Silicon Valley. La comparación entre ambos productos es imprecisa —Manus no es un modelo fundacional, sino una capa de orquestación de agentes construida sobre modelos existentes—, pero la lectura de fondo es la misma: las empresas chinas de IA no se limitan a replicar los modelos base de sus competidores occidentales, sino que están marcando el ritmo en la adopción práctica de agentes autónomos, una de las fronteras que más interés concentra en el sector durante este último año.

La promesa de un agente capaz de ejecutar tareas completas —desde estrategias de negocio hasta búsquedas inmobiliarias o sesiones de meditación personalizadas, según los ejemplos que la propia compañía muestra en su web— conecta con una tendencia que Google, OpenAI y Anthropic llevan meses explorando: pasar de la conversación a la ejecución. Que ese salto llegue con fuerza viral desde una startup china de Wuhan, y no desde uno de los grandes laboratorios estadounidenses, es la parte de la historia que más está llamando la atención esta semana.

Con el acceso todavía restringido a un puñado de usuarios, es pronto para valorar si Manus cumple lo que promete o si se trata de otro episodio de expectación desbordada en un sector acostumbrado a ellos. Lo que sí queda claro es que el listón de lo que se espera de un agente autónomo ha subido otro escalón, y que el centro de gravedad de esa carrera vuelve a mirar hacia China.

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