Meta prepara dos supercentros de IA de hasta 5 gigavatios
Meta construye Prometheus, un centro de IA de 1 GW en Ohio, y Hyperion, un complejo de Luisiana que aspira a llegar a 5 GW. La apuesta eleva la capacidad de cálculo de la compañía, pero también su dependencia de electricidad y agua.
Meta ha puesto cifras a la infraestructura con la que quiere competir en la carrera por la inteligencia artificial avanzada. Mark Zuckerberg ha anunciado Prometheus, un supercluster de 1 gigavatio que debería entrar en funcionamiento en 2026 en Ohio, y Hyperion, un gran complejo de centros de datos en Luisiana que podrá escalar hasta los 5 GW durante los próximos años.
La magnitud no es un detalle técnico. Un gigavatio equivale a 1.000 megavatios de potencia eléctrica: es una escala propia de grandes instalaciones industriales y, en algunos casos, de una central eléctrica. Meta quiere convertir esa energía en la capacidad de cálculo necesaria para entrenar y operar sus próximos modelos de IA.
Prometheus llegará en 2026; Hyperion crecerá después
Prometheus estará situado en New Albany, Ohio, y Meta prevé que alcance 1 GW de capacidad en 2026. Zuckerberg lo ha presentado como uno de los primeros centros de datos de IA de esa escala bajo control de una tecnológica.
El proyecto más ambicioso es Hyperion. Estará en Luisiana, previsiblemente en Richland Parish, donde Meta ya había anunciado una inversión de 10.000 millones de dólares para construir un centro de datos. La compañía espera poner en marcha 2 GW de capacidad allí para 2030 y aumentar posteriormente el complejo hasta 5 GW.
Zuckerberg ha afirmado que el recinto ocupará una parte considerable de una superficie comparable a Manhattan. Esa comparación ilustra el tamaño físico del plan, pero conviene distinguirla de la potencia anunciada: Hyperion no dispondrá de 5 GW desde su apertura, sino que es el techo de una expansión prevista para varios años.
La inversión tampoco se limita a una cifra concreta para estos dos proyectos. El consejero delegado ha escrito que Meta invertirá cientos de miles de millones de dólares en capacidad de cálculo para construir superinteligencia, el término con el que la empresa se refiere a sistemas que superarían ampliamente las capacidades humanas en muchas tareas. Es un compromiso de inversión, no un presupuesto cerrado de Hyperion y Prometheus.
El cálculo se convierte en una ventaja competitiva
Los modelos de IA de frontera requieren enormes grupos de chips, redes de alta velocidad, sistemas de almacenamiento y refrigeración. A esa combinación se la suele llamar cluster; cuando alcanza dimensiones excepcionales, las empresas hablan de supercluster.
Meta no parte de cero. La empresa ya desarrolla la familia de modelos abiertos Llama y cuenta con una de las mayores infraestructuras de centros de datos del sector. Pero su anuncio llega después de una ofensiva para reforzar Meta Superintelligence Labs, su nueva división de IA avanzada. En las últimas semanas fichó a Alexandr Wang, hasta entonces consejero delegado de Scale AI, y a Daniel Gross, cofundador de Safe Superintelligence.
La lógica es directa: contratar investigadores de primer nivel es más fácil si pueden trabajar con la capacidad informática que necesitan. OpenAI, Google DeepMind y Anthropic también dependen de recursos de cálculo cada vez mayores, mientras que xAI ha desarrollado su superordenador Colossus y OpenAI impulsa Stargate junto a Oracle y SoftBank.
Esta carrera está cambiando el criterio con el que se mide la fortaleza de una compañía de IA. Ya no basta con publicar un modelo competitivo: hay que poder entrenar la siguiente generación y servirla a millones de personas sin que los costes de computación se disparen.
La electricidad y el agua pasan a ser parte del debate sobre IA
El reverso de estos anuncios es energético. Un centro de datos de varios gigavatios consume una cantidad de electricidad comparable a la de una gran área urbana, y necesita además infraestructura de red, generación disponible y sistemas de refrigeración que pueden requerir grandes volúmenes de agua.
La presión ya es visible en algunas comunidades estadounidenses. The New York Times informó este lunes de que un proyecto de Meta en Newton County, Georgia, ha coincidido con problemas de suministro de agua en viviendas cercanas. No demuestra por sí solo que todos los centros de datos vayan a producir el mismo efecto, pero sí anticipa el tipo de conflicto local que pueden provocar instalaciones de esta escala.
El Departamento de Energía de Estados Unidos estimó a finales de 2024 que los centros de datos podrían representar entre el 6,7% y el 12% del consumo eléctrico nacional en 2028, frente al 2,5% de 2022. La IA es una de las razones de ese salto, junto con la expansión de la computación en la nube.
La Administración Trump ha respaldado el despliegue de infraestructura para IA y defiende ampliar la generación eléctrica mediante fuentes como la nuclear, el gas natural, la geotermia y el carbón. Para Meta, disponer de energía será tan decisivo como comprar chips. Para Luisiana y Ohio, la cuestión será bajo qué condiciones llega esa inversión: quién paga las ampliaciones de red, de dónde procede la electricidad y cómo se protege el acceso de las comunidades al agua.
Prometheus será la primera prueba tangible en 2026. Hyperion plantea una ambición mayor: que un solo complejo de Meta pueda crecer hasta una potencia que obligue a planificar la IA como un asunto de política industrial y energética, no solo de software.