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Musk prepara X.AI, una empresa para competir con OpenAI

Elon Musk ha constituido X.AI Corp, una nueva sociedad que apunta al negocio de la inteligencia artificial. El movimiento llega tras el éxito de ChatGPT y mientras Musk reclama frenar el desarrollo de sistemas más potentes que GPT-4.

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Elon Musk ha dado un paso formal para volver al negocio de la inteligencia artificial con X.AI Corp, una sociedad registrada en Nevada el pasado 9 de marzo. Los documentos mercantiles sitúan a Musk como director y a Jared Birchall, responsable de su oficina familiar, como secretario.

La iniciativa coloca al empresario ante OpenAI, organización que cofundó en 2015 y de cuya junta directiva salió en 2018. No hay todavía un producto anunciado ni detalles técnicos de la nueva compañía, pero el registro coincide con informaciones sobre contactos de Musk con investigadores e inversores para levantar un proyecto propio de IA.

Una nueva pieza en la rivalidad con OpenAI

El momento no es casual. OpenAI ha pasado de ser un laboratorio conocido sobre todo en círculos tecnológicos a ocupar el centro de la industria tras el lanzamiento de ChatGPT, en noviembre de 2022, y de GPT-4 el pasado marzo. Microsoft, su principal socio, ha integrado esa tecnología en servicios como Bing y ha reforzado una alianza que convierte a OpenAI en uno de los rivales más difíciles de alcanzar.

Musk ha cuestionado abiertamente esa evolución. Su crítica principal es que OpenAI nació con la promesa de desarrollar inteligencia artificial en beneficio de la humanidad, con una estructura sin ánimo de lucro, y que su relación comercial con Microsoft ha transformado aquel planteamiento. OpenAI mantiene una entidad sin ánimo de lucro que controla su estructura, junto a una filial con beneficios limitados que financia el costoso entrenamiento de sus modelos.

La discrepancia no es solo empresarial. A finales de marzo, Musk firmó junto a investigadores y empresarios una carta abierta que pedía una pausa de al menos seis meses en el entrenamiento de sistemas más potentes que GPT-4. El texto reclamaba protocolos de seguridad compartidos, supervisión independiente y reglas para evitar que la carrera comercial imponga desarrollos difíciles de controlar.

Crear una empresa propia mientras se pide una pausa puede parecer una contradicción, pero refleja una discusión central del sector: quién fija las normas de los modelos más avanzados y bajo qué incentivos. Musk no se está alejando de la IA; busca tener capacidad para influir en su dirección.

Musk ya tiene experiencia, datos y capacidad de cálculo

X.AI no parte de cero en el entorno de Musk. Tesla lleva años desarrollando sistemas de visión artificial y redes neuronales para sus funciones de conducción asistida. La compañía también trabaja en Dojo, un ordenador diseñado para entrenar modelos con grandes volúmenes de vídeo procedentes de sus vehículos.

Twitter, adquirida por Musk en octubre de 2022, es otra pieza potencialmente relevante. La plataforma alberga conversaciones, noticias y contenido público a gran escala, un tipo de material que resulta valioso para entrenar modelos de lenguaje. Durante las últimas semanas también se ha informado de compras de miles de procesadores gráficos de Nvidia vinculadas a proyectos de IA en Twitter, aunque no se ha aclarado cuál sería su uso concreto.

Entrenar modelos comparables a GPT-4 exige, sin embargo, mucho más que acceso a datos. Requiere chips especializados, ingenieros capaces de diseñar y ajustar los sistemas, infraestructura eléctrica y una inversión de cientos de millones de dólares. La escasez de procesadores gráficos y la concentración de talento en unas pocas compañías hacen que incluso para un multimillonario la competencia sea compleja.

Más competencia, pero también más preguntas

La aparición de X.AI añadiría presión a un mercado donde Google acelera Bard, Anthropic desarrolla Claude y empresas como Meta mantienen una posición relevante en investigación. Para usuarios y empresas, una mayor competencia puede traducirse en más opciones, mejores prestaciones y precios más ajustados para acceder a modelos generativos.

Pero la cuestión decisiva será el enfoque. Una empresa de IA no se define solo por el modelo que entrena, sino por qué datos utiliza, cómo evalúa sus errores, qué límites impone a sus respuestas y quién responde cuando falla. Musk ha convertido esos asuntos en parte de su crítica a OpenAI. X.AI tendrá que demostrar con hechos que ofrece una alternativa técnica y de seguridad distinta, no solo otro competidor en la carrera por construir modelos cada vez más grandes.

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