OpenAI negocia una ronda que superaría los 100.000 millones
OpenAI negocia una nueva financiación liderada por Thrive Capital con participación prevista de Microsoft y Nvidia. La operación podría valorar a la creadora de ChatGPT por encima de 100.000 millones de dólares.
OpenAI mantiene conversaciones para levantar una nueva ronda de financiación que la valoraría por encima de los 100.000 millones de dólares. Thrive Capital lideraría la operación y Microsoft y Nvidia participarían en ella, una combinación que subraya hasta qué punto el negocio de los modelos de IA depende tanto del capital como de la capacidad de cómputo.
La cifra no equivale al dinero que entraría necesariamente en caja. Una valoración es el precio que los inversores aceptan pagar por una parte de la empresa; la cuantía final de la ronda y las condiciones siguen sujetas a negociación. Pero el umbral situaría a OpenAI entre las compañías privadas más valiosas del sector tecnológico.
De la valoración de 86.000 millones a una nueva liga
OpenAI ya había alcanzado una valoración cercana a 86.000 millones de dólares a comienzos de 2024, cuando empleados de la compañía vendieron acciones existentes a inversores. Aquella operación no era una ronda convencional: el dinero fue a manos de los accionistas que vendían sus títulos, no necesariamente a financiar nuevos proyectos de la empresa.
La negociación actual tiene otra lectura. La compañía necesita recursos para entrenar modelos cada vez más costosos, operar ChatGPT a gran escala y competir con Google, Anthropic, Meta y las empresas chinas que también están invirtiendo miles de millones en infraestructura.
Entrenar un gran modelo de lenguaje exige enormes grupos de chips especializados, centros de datos, electricidad y equipos de investigación. El coste no termina con el entrenamiento: cada consulta a un modelo avanzado consume capacidad de servidores. A medida que ChatGPT gana usuarios y OpenAI amplía sus funciones de voz e imagen, mientras explora la generación de vídeo con Sora, esa factura operativa también crece.
Microsoft conserva un papel central
Microsoft es el socio comercial y tecnológico más importante de OpenAI. La compañía de Redmond ha comprometido alrededor de 13.000 millones de dólares en la organización y le proporciona infraestructura a través de Azure. A cambio, ha integrado los modelos de OpenAI en productos como Copilot, Bing y sus servicios para empresas.
Su posible participación en la nueva ronda refuerza una relación que beneficia a ambas partes, aunque también concentra poder. OpenAI obtiene acceso a la infraestructura necesaria para competir en la frontera de los modelos; Microsoft vincula buena parte de su estrategia de IA generativa al proveedor más visible del momento.
Nvidia representa el otro elemento decisivo de la ecuación. Sus procesadores gráficos se han convertido en la pieza más demandada para entrenar y ejecutar sistemas de IA. Que el fabricante participe como inversor alinearía todavía más los intereses entre quien desarrolla los modelos y quien vende buena parte del hardware con el que se construyen.
La valoración mide expectativas, no solo ChatGPT
El interés de los inversores no se explica únicamente por ChatGPT, que convirtió la IA generativa en un producto de consumo masivo desde su lanzamiento en noviembre de 2022. OpenAI ha ampliado desde entonces su catálogo con GPT-4o, un modelo capaz de trabajar con texto, voz e imagen, y presentó en julio SearchGPT, un prototipo para responder a consultas con información de la web.
La empresa también ha mostrado Sora, su sistema de generación de vídeo a partir de texto. Ninguno de estos productos garantiza por sí solo un negocio sostenible a la escala que presupone una valoración de más de 100.000 millones, pero juntos dibujan la ambición de OpenAI: convertirse en proveedor de una capa básica de inteligencia artificial para consumidores, desarrolladores y grandes empresas.
Esa ambición tiene riesgos. La competencia está reduciendo precios, los modelos abiertos de Meta presionan la parte baja del mercado y las empresas todavía están aprendiendo qué usos de la IA generan ingresos reales. Además, el escrutinio sobre seguridad, derechos de autor y concentración de mercado crece al mismo ritmo que las inversiones.
La ronda, si se cierra en los términos que se negocian, daría a OpenAI margen para sostener la carrera técnica. También elevaría el listón: con una valoración de esta magnitud, el mercado ya no le pedirá solo productos llamativos, sino una vía creíble para convertir su liderazgo tecnológico en un negocio duradero.