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OpenAI alcanza una valoración de 500.000 millones de dólares

Una venta de acciones de empleados eleva OpenAI por encima de SpaceX como la empresa privada más valiosa. La operación no aporta capital nuevo, pero permite convertir en dinero parte de las participaciones de su plantilla.

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OpenAI ha alcanzado una valoración de 500.000 millones de dólares mediante una venta de acciones de empleados por 6.600 millones. La operación sitúa al creador de ChatGPT por encima de SpaceX como la empresa privada más valiosa del mundo, aunque el dinero no entra en las cuentas de la compañía.

La cifra refleja el apetito de los inversores por participar en OpenAI y también la presión por retener a sus especialistas. En apenas unos meses, su valoración implícita ha pasado de 300.000 a 500.000 millones, un aumento cercano al 67%.

Una venta entre accionistas, no una nueva ronda

La transacción es una venta secundaria: empleados y exempleados venden parte de sus acciones u opciones a otros inversores. OpenAI había autorizado títulos por hasta 10.300 millones de dólares, pero finalmente se vendieron 6.600 millones, según Bloomberg.

Entre los compradores figuran SoftBank, Thrive Capital, Dragoneer Investment Group, T. Rowe Price y MGX. Varios de ellos ya habían participado en la ronda de financiación de hasta 40.000 millones anunciada en marzo, que valoró OpenAI en 300.000 millones de dólares.

La distinción importa. OpenAI no acaba de captar 6.600 millones para pagar centros de datos, salarios o investigación. El efectivo va a las personas que poseían las participaciones. La valoración de 500.000 millones se obtiene del precio aceptado en esa compraventa privada.

Tampoco significa que toda la empresa pudiera venderse mañana por esa cantidad. En una compañía que no cotiza en bolsa hay menos operaciones, menos transparencia y una liquidez mucho más limitada. Aun así, el precio sirve como referencia de lo que grandes inversores están dispuestos a pagar por entrar en su capital.

OpenAI adelanta a SpaceX

SpaceX estaba valorada en torno a 400.000 millones de dólares en una operación secundaria anterior. El nuevo precio de las acciones de OpenAI coloca a la empresa de Sam Altman por encima de la compañía espacial de Elon Musk y de otros gigantes privados como ByteDance.

El salto resulta especialmente llamativo porque OpenAI sigue gastando mucho más de lo que ingresa. Documentos financieros citados por The Information sitúan sus ingresos del primer semestre de 2025 en 4.300 millones de dólares, con un consumo de caja de 2.500 millones durante el mismo periodo.

La empresa necesita recursos para entrenar modelos y, sobre todo, para ejecutarlos a gran escala. OpenAI ha asumido un compromiso de servicios en la nube con Oracle valorado en unos 300.000 millones de dólares durante cinco años. Nvidia también anunció en septiembre su intención de invertir hasta 100.000 millones de forma progresiva, ligada al despliegue de al menos 10 gigavatios de infraestructura informática para OpenAI.

Frente a esas obligaciones, los 500.000 millones expresan una expectativa: que ChatGPT, sus servicios empresariales, su API y productos como Sora puedan convertirse en negocios capaces de justificar inversiones de una magnitud hasta ahora reservada a las mayores tecnológicas cotizadas.

Liquidez para retener a los investigadores

La venta secundaria funciona además como herramienta de retención. Las participaciones de una empresa privada pueden tener un gran valor sobre el papel, pero sus propietarios no siempre pueden venderlas. Abrir una ventana de liquidez permite a empleados y antiguos trabajadores convertir una parte de esa remuneración en dinero sin esperar a una salida a bolsa.

Ese incentivo llega después de que Meta fichara durante el verano al menos a siete especialistas destacados de OpenAI para reforzar su nueva organización de superinteligencia. La compañía de Mark Zuckerberg ha utilizado paquetes de remuneración multimillonarios para disputar investigadores a OpenAI, Google DeepMind, Anthropic y otros laboratorios.

La reorganización empresarial sigue pendiente

La operación también coincide con las negociaciones entre OpenAI y Microsoft sobre la futura estructura de la compañía. Ambas partes anunciaron en septiembre un acuerdo preliminar y no vinculante que abre el camino para reorganizar el negocio con ánimo de lucro, mientras la entidad sin ánimo de lucro conservaría el control.

Esa transformación sigue sujeta a acuerdos definitivos y al examen de las autoridades. Su resultado determinará los derechos económicos de Microsoft, de los empleados y de los demás inversores, además de la capacidad de OpenAI para seguir captando las enormes cantidades de capital que exige su infraestructura.

La próxima prueba no será otra cifra de valoración, sino la conversión de ese entusiasmo inversor en ingresos suficientes para sostener contratos informáticos de cientos de miles de millones. Mientras llega ese momento, la venta proporciona liquidez a la plantilla sin obligar a OpenAI a cotizar ni a someterse todavía al escrutinio financiero de los mercados públicos.

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