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Rabbit R1: un dispositivo de 199 dólares que quiere usar tus apps

Rabbit ha presentado en el CES el R1, un pequeño dispositivo con IA que promete pedir un coche, poner música o hacer compras en aplicaciones por el usuario. Cuesta 199 dólares y prescinde de suscripciones.

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Rabbit quiere que usemos menos aplicaciones, no más. La startup ha presentado este martes en el CES de Las Vegas el Rabbit R1, un dispositivo de 199 dólares que aspira a ejecutar tareas digitales a partir de órdenes habladas, sin obligar al usuario a abrir y navegar por cada app.

El aparato, diseñado junto a la firma sueca Teenage Engineering, destaca por su carcasa naranja y su formato compacto. Pero su propuesta no consiste en competir con el móvil como otro teléfono: Rabbit plantea el R1 como un mando físico para servicios digitales. La compañía asegura que las primeras unidades disponibles para reserva se han agotado.

Un asistente que pretende actuar, no solo responder

El R1 funciona con Rabbit OS, un sistema operativo propio basado en un llamado Large Action Model o LAM. La expresión recuerda a los grandes modelos de lenguaje que sustentan chatbots como ChatGPT, pero Rabbit quiere resolver un problema distinto.

Un modelo de lenguaje genera o interpreta texto. El modelo de acción de Rabbit está pensado para comprender los pasos necesarios dentro de una interfaz y completarlos: buscar una canción, solicitar transporte, encargar comida o gestionar una compra. En vez de limitarse a recomendar una aplicación o mostrar instrucciones, el dispositivo promete realizar la operación.

La diferencia es importante. Los asistentes de voz llevan años siendo capaces de responder preguntas sencillas, activar alarmas o controlar dispositivos domésticos. Sin embargo, suelen depender de integraciones específicas con cada servicio. Rabbit sostiene que su modelo puede aprender a utilizar las aplicaciones como lo haría una persona, navegando por sus pantallas.

La empresa habilitará un portal web llamado Rabbit Hole para que el usuario conecte sus cuentas de servicios. Rabbit afirma que las credenciales no se almacenarán en el dispositivo y que cada persona podrá eliminar las conexiones cuando quiera.

Pantalla, rueda y cámara giratoria

El R1 incorpora una pantalla táctil de 2,88 pulgadas, una rueda de desplazamiento y un botón físico de pulsar para hablar. También integra una cámara que puede girarse hacia delante o hacia atrás, bautizada por Rabbit como Rabbit Eye. La cámara está orientada a tareas visuales, aunque la interacción principal se apoya en la voz.

En su interior hay un procesador MediaTek Helio P35, 4 GB de memoria RAM y 128 GB de almacenamiento. Se conecta a redes móviles 4G y a wifi, por lo que no está concebido como un accesorio que deba permanecer unido al teléfono. Rabbit ha anunciado que no cobrará una cuota mensual por usar el dispositivo.

El precio también forma parte de su estrategia. Por 199 dólares, el R1 cuesta bastante menos que un móvil de gama media y se sitúa lejos de los visores de realidad mixta o de otros dispositivos experimentales de hardware con IA. Rabbit prevé comenzar los envíos en marzo.

La promesa exige fiabilidad en el mundo real

La idea de un aparato que haga gestiones por nosotros resulta atractiva porque ataca una frustración cotidiana: muchas tareas digitales son repetitivas y obligan a alternar entre servicios, contraseñas y pantallas. Si el R1 logra entender una petición y completar correctamente cada paso, podría ahorrar tiempo en acciones sencillas.

Pero esa ambición es también su prueba más difícil. Una conversación puede tolerar una respuesta imperfecta; pedir un coche al lugar equivocado, encargar un producto incorrecto o realizar un pago no. Para que el modelo de acción sea útil, tendrá que interpretar con precisión la solicitud, adaptarse a cambios en las interfaces de las aplicaciones y dejar claro al usuario qué acción va a efectuar.

Además, los servicios digitales cambian con frecuencia sus diseños, condiciones y mecanismos de acceso. El valor del R1 dependerá de que Rabbit mantenga ese aprendizaje al día y de que la experiencia sea más cómoda que sacar el móvil y abrir una app.

El lanzamiento llega en un momento en el que la inteligencia artificial empieza a salir de las ventanas de chat para integrarse en productos físicos. Rabbit no propone un asistente que converse mejor, sino uno que haga cosas concretas. El R1 tendrá que demostrar en los próximos meses si esa diferencia basta para justificar llevar un segundo dispositivo en el bolsillo.

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