Sam Altman declara "código rojo" en OpenAI por el avance de Gemini
Un memo interno de Altman congela publicidad, compras y Pulse en ChatGPT para concentrar recursos ante el crecimiento de Gemini, que según Google ronda los 650 millones de usuarios mensuales.
Sam Altman ha declarado un "código rojo" interno en OpenAI, según trascendió esta semana: un memo que ordena congelar proyectos secundarios de ChatGPT —publicidad, funciones de compra y el asistente proactivo Pulse— para volcar ingeniería y producto en mejorar la calidad y velocidad del chatbot insignia de la compañía. La razón es el empuje de Gemini, el modelo de Google, que según las últimas cifras compartidas por la compañía ronda los 650 millones de usuarios mensuales.
El gesto tiene un peso simbólico difícil de exagerar. Durante los tres años que han pasado desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, OpenAI ha sido la referencia incuestionada de la conversación pública sobre inteligencia artificial generativa. Ahora es la propia OpenAI quien activa el protocolo de emergencia que Google puso en marcha en diciembre de 2022, cuando la irrupción de ChatGPT hizo saltar las alarmas dentro de la empresa que llevaba años liderando la investigación en IA sin conseguir traducirla en un producto de consumo masivo.
Qué significa un "código rojo" en OpenAI
El memo, cuyo contenido trascendió a través de informaciones internas, plantea una reasignación de prioridades: menos energía en monetización y expansión de funciones —como la publicidad dentro de ChatGPT que OpenAI llevaba meses explorando, o el sistema de compras integradas con comercios que la compañía había presentado hace unos meses bajo el nombre de Instant Checkout— y más foco en el núcleo del producto. Pulse, la función que desde septiembre ofrece a los suscriptores de pago resúmenes proactivos diarios generados por la IA, queda también en pausa.
Es una decisión de manual de gestión de crisis: cuando la posición de liderazgo empieza a sentirse amenazada, se recortan las apuestas laterales y se refuerza el producto que sostiene la marca. Que sea Altman quien lo firme, y no un responsable de producto de segunda línea, indica que dentro de OpenAI la amenaza se percibe como real y no como un simple titular de prensa.
Gemini, de la retaguardia a la ofensiva
La presión llega apenas dos semanas después de que Google presentara Gemini 3, el modelo que ha reavivado la comparación directa con GPT-5, el sistema insignia de OpenAI lanzado en agosto. Los resultados de Gemini 3 en varias tablas de evaluación pública y su buena acogida entre desarrolladores han reforzado la narrativa de que Google, después de tres años a la defensiva, ha cerrado la distancia técnica con OpenAI y compite de tú a tú por primera vez desde el lanzamiento de ChatGPT.
La cifra de 650 millones de usuarios mensuales de la app de Gemini que Google ha hecho pública sitúa a la compañía, por primera vez, en un terreno comparable al de ChatGPT, que Altman había situado en octubre por encima de los 800 millones de usuarios semanales. Son métricas distintas —mensuales frente a semanales— y no permiten una comparación exacta, pero la tendencia es la que importa: Gemini ya no es la alternativa de nicho que muchos daban por perdida tras el traspié del lanzamiento original de Bard en 2023.
La ironía de un giro completo
El paralelismo con diciembre de 2022 es difícil de ignorar. Entonces fue Sundar Pichai quien declaró el código rojo dentro de Google, alarmado por la velocidad con la que ChatGPT capturaba la conversación pública y ponía en riesgo el negocio de búsquedas que sostiene a Alphabet. Google tardó meses en reaccionar con un producto competitivo y sufrió tropiezos públicos —el más recordado, la demostración fallida de Bard en febrero de 2023— antes de reordenar toda su división de IA bajo DeepMind y lanzar la familia Gemini.
Tres años después, los papeles se han invertido. Es OpenAI quien recorta apuestas de diversificación —publicidad, comercio, funciones proactivas— para concentrarse en defender el terreno que definió su ventaja inicial. La compañía que enseñó a la industria a moverse rápido ahora se mueve rápido para no perder lo que construyó.
Qué implica para el sector
Un código rojo no es una crisis existencial, pero sí una señal de que la competencia entre los grandes laboratorios de IA ha entrado en una fase más dura. Para los usuarios, lo previsible es una ChatGPT actualizado con más frecuencia en las próximas semanas, con menos ruido de funciones satélite y más inversión en lo que sostiene su base: la calidad de las respuestas y la velocidad del modelo. Para el resto del sector, la lectura es que ya no hay un único líder indiscutible, y que la carrera por la IA generativa de consumo masivo, que muchos daban por decidida en 2023, vuelve a estar abierta.