Sam Altman vuelve al consejo de OpenAI tras la revisión externa
OpenAI reincorpora a Sam Altman a su consejo tras la revisión de WilmerHale sobre su destitución en noviembre. La investigación no encontró que la seguridad de sus productos fuese la causa principal de la crisis.
Sam Altman vuelve al consejo de administración de OpenAI después de que una investigación externa sobre su abrupta destitución en noviembre concluyera que su conducta no justificaba apartarle de la compañía. La revisión, encargada al bufete WilmerHale, tampoco encontró que la seguridad de los productos de OpenAI fuera un motivo principal de aquella decisión.
El anuncio cierra formalmente una crisis de gobierno corporativo que expuso una tensión difícil de resolver en la empresa creadora de ChatGPT: OpenAI quiere desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más potentes, pero su estructura nació con la misión de asegurar que esa tecnología beneficie a la humanidad.
Una investigación sobre el episodio de noviembre
El anterior consejo destituyó a Altman el 17 de noviembre de 2023 alegando que no había sido siempre franco en sus comunicaciones con los consejeros. La decisión desencadenó cinco días de caos: la práctica totalidad de la plantilla amenazó con abandonar OpenAI, Microsoft ofreció contratar a Altman y a otros directivos, y el ejecutivo recuperó el puesto de consejero delegado el 22 de noviembre.
WilmerHale ha entrevistado a decenas de personas y revisado más de 30.000 documentos para reconstruir lo sucedido, según OpenAI. Su conclusión es que la destitución no se debió principalmente a inquietudes por la seguridad de los modelos, al ritmo de desarrollo, a la situación financiera de la compañía ni a sus comunicaciones con inversores, clientes o socios.
El informe atribuye el conflicto a la ruptura de la relación y de la confianza entre el anterior consejo y Altman. También determina que los consejeros actuaron de buena fe dentro de sus competencias, aunque no anticiparon el impacto que tendría la decisión sobre la estabilidad de la empresa.
Esa distinción importa. La crisis se interpretó desde fuera como un posible choque entre quienes defendían avanzar deprisa en IA generativa y quienes pedían más cautela. La investigación no elimina el debate sobre los riesgos de modelos cada vez más capaces, pero sí descarta que fuese la razón central y demostrada de aquella destitución.
Un consejo renovado y más cercano al negocio
Junto al regreso de Altman, OpenAI incorpora al consejo a Bret Taylor, ex copresidente ejecutivo de Salesforce; Sue Desmond-Hellmann, exconsejera delegada de la Fundación Bill y Melinda Gates; y Nicole Seligman, antigua vicepresidenta ejecutiva de Sony. Permanecen Adam D'Angelo, fundador de Quora, y Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos.
La composición reúne perfiles con experiencia en grandes tecnológicas, derecho corporativo, política pública y organizaciones sin ánimo de lucro. Taylor presidirá el consejo, una función especialmente relevante tras la salida de buena parte de los miembros que tomaron la decisión de noviembre.
OpenAI mantiene una estructura inusual: la entidad sin ánimo de lucro controla la empresa comercial que vende acceso a sus modelos. En teoría, esa arquitectura permite que la misión pública tenga prioridad sobre los intereses financieros. En la práctica, la crisis mostró que un consejo con la facultad de cesar al máximo ejecutivo necesita también procedimientos más claros para gestionar desacuerdos internos de enorme impacto.
Más controles, pero una pregunta de fondo abierta
La compañía ha anunciado cambios de gobernanza, entre ellos el refuerzo de su política de conflictos de interés y la creación de una línea confidencial para que empleados y otras personas puedan comunicar preocupaciones. También prevé ampliar el consejo en el futuro.
Son medidas dirigidas a evitar que una disputa entre dirección y consejeros vuelva a escalar sin mecanismos de mediación ni una planificación adecuada. Pero no resuelven por sí solas la cuestión que acompaña a OpenAI desde su fundación: quién decide, y con qué criterios, cuándo un producto de IA está listo para desplegarse a gran escala.
Para usuarios y empresas clientes, el desenlace aporta una señal de continuidad en un momento en que OpenAI compite con Google, Anthropic, Meta y otros actores por liderar la IA generativa. Para el sector, deja una lección menos cómoda: la seguridad de la inteligencia artificial no depende únicamente de pruebas técnicas. También requiere consejos capaces de supervisar a sus directivos sin paralizar una organización que se ha convertido en infraestructura para millones de personas y empresas.