Sam Altman vuelve a OpenAI como CEO tras el motín de sus empleados
Cinco días después de ser destituido por el consejo de OpenAI, Sam Altman regresa como CEO. La revuelta de casi toda la plantilla y una oferta de Microsoft precipitaron el desenlace.
Sam Altman vuelve a ser consejero delegado de OpenAI. La compañía lo confirmó en la madrugada de este martes, poniendo fin a cinco días de caos que arrancaron el pasado viernes con su destitución fulminante por parte del consejo y que estuvieron a punto de vaciar la empresa entera.
El anuncio llega acompañado de un consejo de administración completamente renovado. Bret Taylor, expresidente del consejo de administración de Twitter y anterior co-CEO de Salesforce, asume la presidencia. Le acompaña Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, y Adam D'Angelo, cofundador de Quora, que repite como único miembro superviviente del consejo anterior.
Cinco días que sacudieron OpenAI
Todo empezó el viernes 17 de noviembre, cuando el consejo de OpenAI anunció la destitución de Altman como CEO alegando que no había sido "consistentemente sincero en sus comunicaciones" con sus miembros. La decisión, tomada sin previo aviso ni explicación detallada, sorprendió incluso a inversores de peso como Microsoft, que solo fue informado minutos antes del comunicado.
Mira Murati, hasta entonces directora de tecnología, asumió el cargo de CEO interina. Pero la calma duró poco: Greg Brockman, presidente y cofundador de OpenAI, dimitió en solidaridad con Altman ese mismo fin de semana, y varios investigadores sénior siguieron su ejemplo.
El domingo 19 de noviembre por la noche, el consejo nombró a Emmett Shear, exCEO de Twitch, como nuevo CEO interino en sustitución de Murati. Al día siguiente, lunes 20 de noviembre, Microsoft anunció que había fichado a Altman y Brockman para liderar un nuevo laboratorio de inteligencia artificial dentro de la compañía, con la promesa de que cualquier empleado de OpenAI que quisiera unirse a ellos tendría las puertas abiertas.
La maniobra no calmó los ánimos. Esa misma noche del lunes, más de 700 de los 770 empleados de OpenAI firmaron una carta dirigida al consejo exigiendo su dimisión colectiva y la reincorporación inmediata de Altman, bajo la amenaza de marcharse ellos también a Microsoft si no se atendía la petición. Entre los firmantes apareció Ilya Sutskever, cofundador y científico jefe de la compañía, que había sido una de las voces clave detrás de la destitución original y que, horas después, publicó en la red social X que lamentaba "profundamente" haber participado en las acciones del consejo.
Un consejo a la medida del rescate
La presión conjunta de la plantilla y de Microsoft, que se juega miles de millones de dólares invertidos en OpenAI, terminó por doblegar al consejo saliente. Altman regresa como CEO con la condición de estrenar un órgano de gobierno distinto al que lo destituyó apenas cinco días antes.
El papel futuro de Sutskever dentro de la empresa queda por resolver. OpenAI ha indicado que impulsará una investigación independiente sobre los hechos que llevaron a la destitución original de Altman, un proceso que determinará si el resto de miembros salientes del consejo —Helen Toner y Tasha McCauley— tienen algún papel futuro en la organización.
Qué queda de la crisis
La sacudida deja varias heridas abiertas. Microsoft, socio y principal inversor de OpenAI con miles de millones de dólares comprometidos, se ha reforzado como actor capaz de intervenir directamente en el destino de la empresa, algo que hasta ahora su estatus de accionista sin representación en el consejo no permitía. La estructura de gobierno de OpenAI, diseñada originalmente para que una organización sin ánimo de lucro controlara el desarrollo de la IA por encima de intereses comerciales, ha demostrado en la práctica ser vulnerable tanto a decisiones internas abruptas como a la presión económica y laboral que puede ejercer un solo cliente-inversor.
Queda por ver si el nuevo consejo, con perfiles más orientados a la gestión empresarial que a la supervisión de seguridad de la IA, mantendrá el mismo peso que tenía el anterior en las decisiones sobre el rumbo técnico de la compañía. Por ahora, OpenAI recupera a su fundador y a su presidente, y evita, al menos de momento, la fuga masiva de talento hacia Microsoft.